ESCUCHA

Me cuenta mi amigo More que ayer fue a Albacete a dar una charla para una empresa.

Cuando ya estaba sentado en el tren que salía de la estación de Madrid,  se dispuso a trabajar con su portátil. Necesitaba aprovechar el tiempo. Notó que la señora del asiento contiguo le observaba, hasta que le dijo: «perdone que le moleste, me suena mucho su cara y no sé de qué le conozco».

Siguió preguntándole intentando tener una conversación con él. Realmente  tenía ganas de hablar, pero More tenía que trabajar.

En esa situación, de repente, algo le hizo pensar:  «Esta señora tiene ganas de hablar y yo necesito ejercitar la escucha activa. Así que, voy a dejar de trabajar y ponerme a escuchar»

Escuchar es muy difícil, porque en el mundo en el que vivimos, de la inmediatez, de la gratificación instantánea, dónde ni siquiera nos escuchamos a nosotros mismos, cuando alguien te escucha, se agradece.

Así que decidió ponerse en modo escucha activa hasta Albacete. Y disfrutó de todo lo que le contó Antonia, de 84 años. Menuda vida. Su marido, que ya murió, y ella, se dedicaban al corte y confección en Talavera. Ella venía de Alcobendas de ver a un hijo y se iba a Alicante a visitar a una hija.

Le contó a mi amigo que tenía nietos y bisnietos, y mi amigo me lo contó a mi, resumido claro, pero con el enriquecimiento personal de  haber entregado su tiempo y haber sido capaz de posponer su trabajo para escucharla. Le habló con orgullo de sus familiares y tuvo la sensación de que aquella señora le estaba regalando un trocito de su vida, y lo disfrutó. Mientras la escuchaba atentamente, pensó: «Cuantas historias fantásticas nos perdemos a lo largo de la vida, simplemente por no escuchar, por no estar atentos a nuestro alrededor. La escucha debería ser obligatoria»

Cuando bajaron del tren, se dieron dos besos y un abrazo, se desearon que todo fuera bien, y se despidieron, mi amigo con la sensación de que su «tiempo perdido» se había transformado en tiempo ganado.

Te propongo un desafío: esta semana, dedica al menos una hora a escuchar realmente a alguien. Puede ser un amigo, un familiar, o incluso un desconocido. No importa si es en persona, por teléfono o a través de una videollamada. Lo importante es que escuches con la intención de entender, no de responder.

«Cuando hablas, solo repites lo que ya sabes;
pero cuando escuchas, puedes aprender algo nuevo.»
Dalai Lama

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