Cuentan que, allá por el siglo XII, los antiguos peregrinos sabían que estaban llegando a Santiago de Compostela cuando, desfallecidos y hambrientos, desde los montes cercanos sentían ya el agradable olor de las empanadas…de pan…y de vieiras…convirtiéndose así la empanada en un apetitoso aliciente para volver a peregrinar.
Y dicen que dos peregrinos con mucha hambre fueron invitados en el Camino de Santiago a empanada, y se encontraron de repente frente a dos trozos de buenísima empanada de vieiras: pero uno era grande y otro pequeño.
Ambos se miraban, esperando que el otro hiciera el primer movimiento.
Finalmente, uno se lanzó sobre la porción grande, la cogió y comenzó a comerla. El otro, sorprendido, le dijo:
—»Hombre, yo, por educación, habría cogido el trozo pequeño»
A lo que el primero respondió, sin pestañear:
—»Pues ahí lo tienes»
Esta anécdota del Camino puede mostrarnos varias cosas:
- Ser generoso no tiene precio, pero si se valora positivamente.
- Que «habrías escogido el trozo pequeño» no tiene valor en sí mismo si no va acompañado de la acción.
- Lleva a cabo tus valores sin esperar a que te correspondan.
