Cuando alguien critica nuestro partido político o nuestra religión, o nuestro proceder moralmente cuestionable, pero que ya es hábito para nosotros, nuestro cerebro lo percibe como si nos estuvieran atacando con un cuchillo.
Se activan las mismas zonas cerebrales que si nos hicieran daño físico. En ese momento, nuestra amígdala (esa parte del cerebro que se encarga de nuestras emociones) toma el control.
Y, claro, se desata la respuesta de «lucha o huida»: sube el cortisol, sube la adrenalina, y adivina qué… dejamos de pensar con claridad. La razón queda secuestrada.
¿Por qué pasa esto? Porque nuestra amígdala nos dice que están atacando algo vital para nosotros, algo que forma parte de nuestra identidad. Y no hay nada más peligroso para la razón que sentirse atacado.
Y esa es la razón por la cual, tu amigo o tu hermano, que es muy inteligente, se transforma en alguien behemente, incluso puede que agresivo, cuando hablas mal de su partido político, de sus creencias o le calificas como no correcto su comportamiento sostenido.
Así que, mi amigo More, comentandome esa realidad que muchos hemos vivido, aconseja que cuando hables de política o religión con amigos o familiares, o sobre una actitud personal de tu interlocutor o de un grupo al que pertenece que te parece moralmente poco aceptable, y sientas que ya no estás hablando, sino defendiendo tu honor como si estuvieras en un campo de batalla, recuerda que tes estas trasformando como el increíble Hulk, y que no eres tú, es tu amígdala trasformándote.
Intenta razonar antes de que tu amígdala tome el volante. Haz el ejercicio de comentar noticias sin decir de dónde vienen, sin mencionar qué partido está detrás o que medio lo difunde, o trata de decirlo respecto de una actitud no positiva de un tercero.
Porque en el momento en que sale el nombre, la fuente o la crítica personal, la discusión razonable se acaba trasformando en una discusión personalizada de la que cuando vuelves a tu calma te arrepientes. La idea es mantener la cabeza fría y evitar que ese secuestro emocional nos nuble.
«Cualquiera puede enfadarse, eso es fácil.
Pero enfadarse con la persona correcta,
en la medida correcta, en el momento correcto,
por el motivo correcto y de la forma correcta,
eso no es fácil.»
Aristóteles en su «Ética a Nicómaco»