NUESTRA PERSONALIDAD TAMBIÉN DEPENDE DE LOS AMORES QUE DECIDIMOS CULTIVAR

Lectura del santo evangelio según san Lucas

Lc 10, 21-24

En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: «¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».

En un mundo tan necesitado de amor, de paz, de alegría,
no se necesita tanto intelecto,
sino más bien hambre estar abiertos a ese amor, paz y alegría.

No se trata solo de saber quién y qué dijo Cristo, sino de sentirle, tener fe en ÉL, y obrar conforme te indica sin cuestionarle.

Piensa en esto:
Imagina que estás caminando por un desierto.
El sol está en su máximo apogeo,
has sudado todo, y ya no puedes sudar más
porque no tienes ni una gota de agua en tu cuerpo.

De repente, alguien en el desierto te ofrece
un vaso de agua fresca.
Estoy seguro de que, con la boca reseca,
nadie se detendría a cuestionar el agua:
«¿Es agua natural?
¿Es agua salada?
¿Es agua dulce?
¿Cuántas moléculas tiene?
¿Es segura?»

Lo primero que harías sería tomarla
y saciar tu sed.

Después, ya saciado,
podrías preguntar:
«¿De dónde sacaste el agua?»

Si estamos tan necesitados de amor,
tan necesitados de paz,
no te compliques tanto.
Sé sencillo y confía.

Y por boca de san Lucas, Jesús que te dice:

«Dichoso tú, que tienes esta oportunidad,
porque muchos quisieron tenerla
y no la tuvieron.»

Ya depende de cada uno darse cuenta de la suerte que representa haber podido conocer a Cristo y su evangelio, sin más palabras.

Cristo cuanta conmigo para seguir dando esa oportunidad a otros que nunca la tuvieron, o que habiéndola tenido no se dieron cuenta del Amor que se les ofrecía.

A los que amamos nos influyen fundamentalmente en nuestras vidas. Sus palabras, acciones y apoyo construyen el puente entre quienes somos y quienes podemos llegar a ser. Elegir amar a quienes nos inspiran, nos desafían y nos apoyan es una de las decisiones más importantes que podemos tomar. Al final, no solo somos el producto de nuestras experiencias, sino también de los amores que decidimos cultivar.

Leave a Reply

Your email address will not be published.Required fields are marked *