LA IMPORTANCIA DE LA UNION

  • San Lucas 11, 17: «Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa».
  • San Mateo 12, 25: «Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y ninguna ciudad o casa dividida contra sí misma podrá mantenerse en pie».
  • San Marcos 3, 24: «Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir»

 Jesucristo pronuncia estas palabras después de que algunos lo acusan de expulsar a los demonios con el poder de Beelzebú (el príncipe de los demonios). Jesucristo les demuestra lo absurdo de esa acusación con la lógica del sentido común: si el mal o el reino de Satanás luchara contra sí mismo y se dividiera, se destruiría y no podría durar. A partir de ahí, Jesús explica que liberar a las personas viene del poder de Dios y llama a la unidad y a estar de su lado.

El método más efectivo del demonio para debilitar al ser humano y alejarlo de Dios es la división. Como bien enseña la tradición y la misma etimología de la palabra (del griego diabolos, que significa «el que divide» o «el que separa»), fracturar las familias, las comunidades y las naciones es la estrategia idónea para sembrar la desesperanza y el caos.

Frente a una evidente España fragmentada social, política y espiritualmente, surge hoy la urgencia de recordar que la verdadera fortaleza de todos nosotros reside en la comunión. Promover la unidad de los españoles en Cristo no es solo un ideal patriótico o social, sino un imperativo espiritual, además del único camino para atravesar los retos a que cada uno de nosotros hoy como personas nos enfrentamos.

Es urgente. Para lograrlo, algunos hemos tenido la suerte de conocer y agruparnos en el movimiento de Cursillos de Cristiandad, pero hay otros movimientos y asociaciones en las que podemos poner nuestro granito de arena y esfuerzo en favor de la unidad en Cristo de los españoles y de las familias en España.

La división deshumaniza y desgasta. Cuando los criterios ideológicos o los rencores históricos, las envidias y los egos se colocan por encima de las personas con las que convivimos y vivimos, la sociedad se fragmenta y nosotros también. San Pablo recordaba a los Gálatas que «ya no hay judío ni griego… porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús».

Para España, una nación con raíces profundamente ligadas a la historia del cristianismo, la unidad en Cristo históricamente ha sido y con nuestra aportación puede volver a ser una nación unida, sin perjuicio de las diversas afinidades políticas, regionales o incluso religiosas.

Los valores que enseña el Evangelio de Cristo, tengas fe o no, pero puestos en la práctica de tu pensamiento y comportamiento del día a día, son las mejores coordenadas para frenar tanta desunión, enfrentamiento y soledad en el empeño de ser agentes de reconciliación.

Para contrarrestar la estrategia de la división e implantar la cultura del encuentro en el día a día, es fundamental entender que, si bien no somos nada ni nadie por nosotros mismos, contamos con el apoyo de Cristo, de su espíritu, desde la oración continua, y con la comunión de los que nos han precedido en esta vida.

Frente a las situaciones con personas que generan dinámicas conflictivas, que se dedican a sembrar discordia o romper la armonía, responder con agresiones, humillaciones o murmuraciones solo contribuye a la estrategia de la división.La paz personal no debe depender del comportamiento de los demás.

En lugar de permitir que las acciones destructivas de otros ocupen nuestro espacio mental y emocional, es fundamental mantener la mirada y el corazón centrados en Dios y en la reconciliación interior. Darles foco en nuestro interior a esas personas que se están comportando de forma «toxica» al menos para nosotros, es darles poder. Evitémoslo.

Es dificil caminar en esta lucha solo. Es indispensable apoyarse en la oración, en la comunidad cristiana y en la familia o en la verdadera amistad, compartiendo las cargas con hermanos de confianza que aporten claridad, consejo y contención.

No es empeño fácil, requiere puesta constante en práctica y disciplina. Pero es labor callada, incluso secreta, de la que cuando nos vayamos, será de lo que más nos sentiremos orgullosos. ¡De colores!

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