El paso de los años trae consigo una amalgama de sentimientos. Para muchos, la vejez se manifiesta como cansancio y agotamiento, e incluso la molestia de ser etiquetados como «antiguos».
En un video sobre los sentimientos en la última etapa de la vida una mujer de 87 años expresaba su deseo de estar «tranquilita en casa», reconociendo los achaques físicos que le dificultan el día a día y anhelando vivir lo que le queda con sosiego. Otro describe un sentimiento de desgaste, mientras que uno de 83-84 años se debate entre el deseo de vivir y el de morir, pero sigue «tirando para adelante» con mucho trabajo. En contraste, una persona de 67 años afirma sentirse joven y activa, a pesar de la edad.
La felicidad, por su parte, es percibida de diversas maneras. Algunos la atribuyen a su fe y al recuerdo de sus seres queridos. Otros reconocen haber sido relativamente felices, pero enfatizan que su niñez estuvo marcada por «muchísimo trabajo y muchísima hambre», una realidad muy diferente a la actual. Una mujer que se separó joven no se arrepiente y cree en el amor, sin haber tenido una vida amarga, a pesar de las imposiciones sociales de la época respecto al matrimonio y los hijos.
Una de las preguntas más reveladoras del video es sobre si deseaban volver a los 25 o 30 años. De manera casi unánime, la respuesta es un rotundo «sí». Muchos desean «volver a tener los 25 para volver a estar hasta los 80». Sin embargo, esta aspiración viene acompañada de una condición crucial: regresar a esa edad, pero con la sabiduría y la experiencia acumuladas. Un entrevistado lo explica como un tópico inalcanzable, pero deseable: tener 25 años «con todo lo que sé ahora». Además se menciona el conmovedor anhelo de volver a los 25 para volver a tener a los padres presentes.
El video profundiza en la cuestión de los arrepentimientos, introduciendo un estudio de Harvard del psiquiatra Robert Waldinger. Según este estudio, los arrepentimientos varían entre géneros:
- Las mujeres suelen lamentar no haber vivido una vida más auténtica, habiéndose centrado excesivamente en la opinión de los demás y en encajar en las normas sociales de hace 60 años. También expresan un mayor arrepentimiento emocional por haber permanecido en relaciones insatisfactorias o por haber descuidado su autocuidado debido a su rol tradicional en el hogar.
- Los hombres, en cambio, se arrepienten principalmente de haber trabajado demasiado y no haber pasado más tiempo con sus familias. Otro remordimiento común es no haber sido emocionalmente más abiertos, ya que el llanto o la expresión de emociones se consideraban debilidad en el pasado, impidiendo a muchos desahogarse incluso con sus esposas.
Sobre los arrepentimientos algunos lamentan no haberse ido a trabajar fuera cuando tuvieron la oportunidad. Otros expresan dolor por haber dado sus propiedades a sus hijas antes de tiempo, y algunas de estas propiedades que querían las vendieron los hijos por dinero, sintiéndose traicionados. Hay quienes se arrepienten también de haberse casado. Sin embargo, es notable que varias personas afirman no arrepentirse de nada, habiendo tenido «de todo, buen tiempo, mal tiempo» y habiendo trabajado muchísimo para tener una vida resuelta.
Los mayores comparten que la vida es «muy complicada» y que las traiciones a menudo provienen de personas cercanas, incluso de la propia familia, dejando «la vida marcada».
Una de las enseñanzas más importantes es aprender a vivir y a disfrutar de la vida, pues con los años se dan cuenta de que podrían haberlo hecho más. También se aprende a valorar la salud y simplemente vivir, como relata un entrevistado que salió de casa a los 22 años sin nada, junto a su mujer, para «ganarse la vida» a base de trabajo.
Un mensaje recurrente es que «no es uno más que otro; somos todos iguales», y que el ego puede «matar amistades».
No hay circunstancias que salven a nadie de los altibajos de la vida, pues «la vida lo trae y la vida lo lleva».
Al dirigirles la pregunta sobre qué consejo darían a los jóvenes de hoy, las respuestas son directas y reveladoras:
- Que disfruten de la vida lo que puedan y de la mejor manera posible.
- Expresan preocupación por una tristeza y desánimo en los jóvenes actuales, a pesar de tener «todas las facilidades» y «todo». Comparan esto con su propia juventud, donde «con nada» se lo pasaban muy bien, entreteniéndose con cualquier cosa y siempre ayudándose mutuamente.
- Identifican problemas actuales como el «egoísmo» y una vida «muy acelerada». Recuerdan con nostalgia cómo antes, en sus pueblos, se sentaban en piedras a hablar tranquilamente, sin distracciones, y eso era suficiente.
- Aconsejan a los jóvenes que «tengan cuidado y luchen por la vida», que no esperen que se lo den todo. Deben aprender el valor y el coste de las cosas con su propio esfuerzo, porque «si te los dan regalado, no lo valoras igual». Instan a tener «actitudes de hacer cosas», no de esperar que otros les mantengan o les compren bienes.
Del estudio se concluye que la vida, con sus imperfecciones y momentos fugaces, es un regalo que a menudo no valoramos hasta que se convierte en un recuerdo. Lo que poseemos ahora (energía, vitalidad, posibilidades) es el sueño de quienes ya no lo tienen. Aquellos que han envejecido miran con nostalgia el tiempo en que tenían el mundo por delante, y para ellos, nuestros días actuales eran su oportunidad de vivir plenamente.
A menudo desperdiciamos nuestro tiempo en la rutina, la queja o la prisa, mientras otros desearían volver a vivir esos días de más juventud. Incluso muchos dejaron este mundo sin alcanzar lo que hoy tenemos: la posibilidad de empezar de nuevo, abrazar a un ser querido o simplemente sentir la brisa.
La pregunta crucial es: «¿Qué estás haciendo con el regalo de tu vida?».
Vivir plenamente no implica esperar grandes logros, sino «saborear lo ordinario, encontrar la belleza en lo pequeño y abrazar incluso el dolor» como parte del privilegio de estar vivo. Cada instante, por insignificante que parezca, está «lleno de posibilidades que alguien más daría todo por tener».
La reflexión final es una llamada a la acción para hacer una pausa, respirar y recordar que este momento es el que tantas personas desearon haber vivido o querrían tener de nuevo, invitando a llenarlo de propósito, gratitud y amor, y a no desperdiciar «el milagro de estar vivo».