La parábola de los labradores malvados se encuentra en el evangelio de Marcos, Lucas y en Mateo, capítulo 21, versículos 33-46.

Fue una parábola dada por Jesucristo en el encuentro con los líderes religiosos de su época, que se preguntaban con qué autoridad hacía lo que hacía. No se lo dijo, pero les contestó con esta parábola:

Un hombre, padre de familia, plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Pero los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Pero los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.

Cuando Jesús preguntó qué haría el señor de la viña a aquellos labradores, le respondieron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.

Esta parábola tiene pleno significado en el mundo de hoy.

Los líderes del mundo actual están llevando a los labradores de hoy a que piensen que el mundo suyo, que Dios no existe, que no deben nada a nadie, y que la cruz, como camino de vida y auténtica felicidad, es un rollo masoca de ciertos líderes religiosos, como los de la Iglesia católica, totalmente desfasados, que viven en un cuento que se han inventado, como vehículo de poder sobre los demás.

Estos mismos líderes han difundido una cultura de lo efímero, que asigna valor a lo que agrada y parece hermoso, que precisamente para ser felices es necesario apartar la cruz. Vienen presentando desde hace años como ideal un éxito fácil, una carrera rápida, vivir el momento para el disfrute, una sexualidad sin sentido de responsabilidad y, finalmente, una existencia centrada en la afirmación de sí mismos, a menudo sin respeto por los demás.

Sin embargo, este no es el camino que lleva la vida, sino el sendero que desemboca en la muerte, como estamos presenciando actualmente: soledad y abandono de mayores, pobreza masiva, situación complicada en muchos países se consideran gendarmes del mundo, guerras, situación de dictaduras que atentan contra la dignidad del hombre, emigraciones masivas, degradación de ecosistemas naturales por la acción del hombre, etc.

Jesús dice: “Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la salvará”. Jesús no nos engaña: “¿De qué sirve al hombre ganar al mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?” (Lc,9,24-25).

La verdad en sus palabras, que parecen duras, y en el corazón de paz, y Jesús nos revela el secreto de la vida auténtica.

Tengo el sentimiento de que el cristiano de hoy claramente no debe aceptar la actuación, ni siquiera los comentarios, de los labradores que se niegan a dar fruto al Señor de la viña donde trabaja.

Pero a su vez, dejando que actúe en mí, la gracia de Dios, cumplir con su compromiso diario con El, revisando y adaptando la vocación de cada uno, llevando nuestra cruz día a día, dando trascendencia al dolor de cada uno, y que sea lo que Dios quiera, no lo que yo deseo.

Pienso que esa es buena manera de ayudar a que otros dejen de ser labradores malignos o tibios, y encuentren su Camino de Cristo hacia Dios, a la vez que nosotros, un día que no sabemos, pero llegará, estaremos con el Padre, y con los que nos han precedido pasando a la otra orilla.

Sin miedos, y con el sentimiento y la fuerza de que con nosotros camina María, la madre del señor, la primera de la primera de los discípulos, que permaneció fiel al pie de la cruz, desde la cual Cristo nos confió a ella como hijos suyos.

Y María nos dice: “Hacer lo que Él os diga”. Porque ese debe ser el marco de nuestra vida cristiana. Hacer lo que Dios, a través de Cristo, nos ha dicho, y nos sigue diciendo si le buscamos a través de la oración.

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