SIEMPRE SERÁS MI HIJO

He visto una película que me ha inspirado inscribir esta nota. Se llama Beatiful boy.

Mucha gente busca algo en su vida que no sabe que es. Algo le falta, desconoce que es. Prueba relaciones, sensaciones, mantiene apegos, compra cosas, pensando que eso pudiera ser. Pero no lo encuentra, manteniendo un vacío que no puede o no sabe llenar.

Para mí es un tesoro la Fe, y a la vez comprendo que es un misterio.

Fundamental en mi vida es creer. Lo que llamamos Fe. Por dos aspectos generales de la existencia humana:

1.- No hay buen viento para el que no sabe a qué puerto quiere llegar.

2.- Solo la religión es capaz de dar fuerzas y valor al más flaco para sobrellevar tantas cosas como se presentan en la vida.

Si crees en el Padre, en una vida eterna junto a Él, en el reencuentro con los que nos han precedido en el Camino, y que el Camino correcto es el de Cristo, que también es Padre nuestro, y que su Madre es tu Madre adoptante también. Si eres consciente que la senda del Cielo es más bien algo amarga y cuesta; y que lo que mucho vale, trabajito cuesta; permíteme que te aconseje que tengas  todos los días y a todas horas muy presente esta jaculatoria:

Dios mío, que yo sepa sufrir».

Porque es difícil mantenerse siempre, todos los días y en todo momento, en lo que Él nos dijo y nos dice.

Pero cada vez que peques, imagínate que, para el Padre, para Cristo, para tu Madre, es como si te drogaras, como si te metieras un “piko” o una raya.

Sé que es difícil en ciertos momentos superar esa atracción a ese acto o a esa sensación que te pide el cuerpo. No es la primera vez y todo tu ser te pide probarlo de nuevo, recaer en aquello que sabes que no está bien, ni para lo que quieres de ti, ni para los que quieres.

Pero te justificas, te dices que sólo una vez más, eres débil y recaes.

De nada vale luego arrepentirte, confesarte, si recaes una y otra vez. Cristo no puede ayudarte, nadie puede ayudarte.

Sólo tú puedes decidir tus acciones, tus omisiones, tu camino. Porque tú eres algo más para Dios, eres libre, para el bien y para el mal, para superar tus dificultades o para caer en tus tentaciones, para enlodarte o para seguir caminando.

Puedes pedir ayuda, y seguro que de tu oración con Él obtendrás el buen consejo, pero el coraje y la decisión de seguirlo, es tuya.

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