Y si ya he muerto.

Y si renazco para el amor.

Incondicional amor.

Desinteresado amor.

El amor frente al dolor.

¿Y si comienzo una nueva vida?.

Recuerdo una conversación con mi amigo More, que algunas veces se siente más perdido que  un pijo en el Primark.

Me comentó que cuando eso le ocurre, mete la mano en el bolsillo y saca una brújula. Pero no una brújula cualquiera, no, una brújula mágica.

Sí, has escuchado bien, una brújula mágica que no apunta hacia el norte tradicional, sino hacia algo mucho más emocionante: ¡ el objetivo de uno más preciado! La meta que uno se ha trazado.

Creo que te entiendo More. Entonces lo que tú haces es centrarte en una única meta, y cuando la consigues vas a por otra. Eso es bueno, funcional. Te ayuda a concentrarte en tu objetivo desde luego.

Quién dijo…:   «El camino más corto para hacer muchas cosas es hacer solamente una cosa a la vez«.

Samuel Smiles, Javi.

Yo sin embargo More me enfoco de otra manera. Me marco metas, si, pero en función de mi Ideal, un Ideal de altura, y tú ya sabes cuál es mi ideal More. Aunque claro, es compatible, e incluso más funcional lo tuyo.

Claro, claro, pero yo no le hablo a la gente de mi ideal, sino de como ser más productivo y enfocar su día a día.

Pero mira Javi, te contaré una historia relacionada con mi método, de la que estoy orgulloso:

El otro día estuve con un joven que hoy lo tiene meridianamente claro, se llama Adil, hasta hace 6 meses vivía en La Cañada Real, un asentamiento ilegal de Madrid.

Cuando le conocí no sabía qué hacer con su vida, había dejado sus estudios y le acababan de meter  tres tiros en una pierna.

Digamos que su futuro era más que incierto. «¿Qué quieres hacer con tu vida?», le pregunté, adivina la respuesta: «No sé»

Y entonces decidí ayudarle, se sacó el carnet de conducir, y charlé a menudo con él, y le expliqué que tenía que leer, ensanchar su mente, empezar a conocer gente nueva, fuera de su entorno.

Y lo más importante, tenía que tener un objetivo, porque de lo contrario, no sabría hacia dónde dirigirse.

Y le fui poniendo deberes, y comenzó a leer, a formarse y de repente, algo cambió, eligió un objetivo, lo tenía clarísimo, y ese día empezó remar con todas sus fuerzas hacia él.

Te cuento todo esto, porque el otro día me llevó en taxi hasta Albacete, perdí el ave y decidí llamarle.

Volvimos a charlar durante 2 horas y me sentí muy orgulloso de él, y de cómo había reorganizado su vida y tener ese objetivo en mente, había moldeado su comportamiento. Ahora se levanta feliz para ir a trabajar porque tiene un «para qué«, tiene un propósito.

Es cierto More. Si no sabes a dónde vas, es muy difícil saber qué tienes que hacer o cómo hacerlo. Primero elige el destino y después empieza a andar el camino.

Tu enfoque More me recuerda al médico y psicoanalista austriaco Alfred Adler, que fundó la Sociedad de Psicología Individual.

Adler afirmaba que “ser «humano» significaba ser inferior” aunque, debido a que esta condición es igual para todos, no debe ser entendido como una debilidad o un defecto. La superación de esta inferioridad (real o imaginaria) se logra a partir de la «compensación», en la cual el sujeto se fija un objetivo o meta para vencer esa posición adversa. Entendía que es en la lucha constante por la perfección o superación, y en esas metas para alcanzarla,  donde la gente encuentra su ideal en la vida. En metas imaginarias, que Adler llamó «finalismo ficticio», y que con esas metas y la forma de llevarlas a cabo surgía lo que es conocido como “estilo de vida”.

Sin embargo More, yo soy más de la corriente de Víctor Frank, que creía que la vida no es principalmente una búsqueda de placer, como pensaba Freud, o el enfoque hacia las metas individuales que proponía Alfred Adler, sino una búsqueda de significado.

Soy Cristiano, y Jesucristo enseñó que el amor es la meta más alta a la que puede aspirar el hombre, y que esa meta es la que te lleva a Dios.

Es bonito y cierto Javi. Además, como dijo Séneca: «ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se encamina«. Por eso la fe es tan importante. Pero tienes fe o no la tienes.

Claro More. Yo desde luego me apunto tu consejo. Cuando vea que divago, dudo o en momentos bajos, sacaré mi propia brújula mágica,  porque es cierto que el que tiene un «para qué» cada día, más fácil es que encuentre un como.

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