CARIDAD

Cristo nos dijo, ama a los demás como yo te amo.

El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

¿Cómo vivo yo la caridad cada día?

¿Tengo detalles de servicio con quien convivo?

¿Soy buen compañero en el trabajo?

¿Transmito paz y alegría a mi alrededor?

¿Tramito, abogo o resuelvo pensando solo en lo mejor para la paz de esa persona que en mi confía su asunto?

¿Escucho a los demás?

¿Ayudo sólo cuando me lo piden?

¿Guardo listas de agravios?

¿Soy un buen samaritano en el camino, o me comporto más como un buen hombre de negocios, de mis propios negocios, con indiferencia frente a los que pueden necesitar mi ayuda?

Esta revisión de mi comportamiento es fundamental para el sentido de mi camino. Éste es el llamado examen de conciencia.

Porque Cristo ama físicamente a los demás a través de mí, y yo demuestro mi amor por Cristo a través de los demás.

CARIDAD Y PACIENCIA

La paciencia es una buena virtud para la convivencia.

Debemos ser pacientes con los demás como Dios es paciente con nosotros, con nuestros errores, con nuestros pecados.

La caridad es paciente con los demás. La paciencia denota fortaleza de espíritu.

Para poder ejercer caridad hay que renunciar al enfado, a la protesta constante, el espíritu desabrido.

La caridad necesita frecuentemente de la paciencia, para llevar con serenidad los posibles defectos, las suspicacias, el mal genio de quienes tratamos.

La paciencia nos permitirá encontrar el momento oportuno para llegar al corazón del otro.

El caritativo tampoco guarda listas de agravios, todo lo excusa.

LA CARIDAD NO ES ENVIDIOSA, NI SOBERBIA, NI JACTANCIOSA

Sólo en la medida que nos olvidamos de nosotros, podemos preocuparnos y entregarnos los demás.

La soberbia, la falta de humildad, impiden la caridad.

La vanidad, el orgullo, el egoísmo, los deseos de sobresalir, impiden la caridad.

El orgulloso es narcisista, es un hombre o mujer limitado, que se agota en sí mismo. En el que no está Dios, y ni siquiera los demás.

LA CARIDAD NO ES AMBICIOSA

El caritativo ama sin esperar retribución alguna. No es calculador.

Sabe que ama a Jesús en los demás, y con eso le basta.

El que obra con caridad no busca lo suyo, sólo busca a Jesús.

No nos molestemos si no somos correspondidos con lo que humanamente parecería que se nos debe. No busquemos nada y habremos encontrado a Jesús.

Nada ni nadie nos pertenece. Sólo Dios basta.

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