No estamos ante un simple cambio de época económica o de sociedad universal; estamos ante el intento de una reconfiguración total de la realidad humana.
Bajo la seductora promesa de una «abundancia» infinita, que nos promete la tecnoligarquía moderna, se oculta lo que podemos definir como la atrofia voluntaria que se pretende del alma. Es la tentación de un lobo de que habitemos en un útero algorítmico donde no existe el roce, el esfuerzo ni la voluntad, ni por supuesto Cristo.
Esta visión de ciertos nuevos tecnócratas, con Elon Musk a la cabeza; de un mundo de abundancia y sin necesidad de trabajo, que se asemeja peligrosamente al «Modelo Sauron»: un anillo único tecnológico diseñado para gobernar nuestra voluntad.
Una tecnoligarquía que decide la producción y el consumo, eliminando la iniciativa individual y la soberanía del ser. Podré elegir lo que quiera, pero solo dentro de lo que el sistema me ofrezca. Es el fin del individuo como agente económico y el inicio del individuo como mascota del sistema.
La IA está emergiendo como un «Maestro Digital», un falso profeta que ofrece guía espiritual y verdades mezcladas con veneno sutil.
Estamos ante el intento de engaño final, en el que la humanidad, distraída por sus dispositivos y esperanzada en la promesa de una falsa abundancia, ignore que su verdadero desafío es existencial.
Jesús a las preguntas de sus discípulos sobre las señales de su venida y del fin del mundo subrayó que el mayor peligro no serían solo las guerras o desastres naturales, como los que evidentemente estamos viviendo actualmente, sino el engaño espiritual y la aparición de líderes falsos que llevarían a muchos a desviarse de la verdad (Mateo 7:15, 24:4-5 y 24:24): Tengan cuidado de que nadie los engañe —les advirtió Jesús porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.
Para encontrar ánimo hoy, necesitas inyectar amor en lo que haces. Ya sea lavar platos, trabajar en una oficina o cuidar a tu familia, hazlo con pasión (con-pasión). El amor transforma la obligación en entrega. Cuando amas lo que haces, o al menos amas a quienes beneficias con tu esfuerzo, encuentras una fuerza que no sabías que tenías.