A veces lloro como una niña
sin un porqué,
o con todos los porqués hechos madeja,
urdimbre, lío,
turbio enredo,
tela de araña en mi interior.
Y me deshacen cual ácidos corrosivos la angustia, el agobio,
siento mi propia descomposición
y soy una extraña en mi propia morada;
se vienen a mi estómago, a mi garganta,
a mi alma,
todas mis torpezas,
mis faltas de memoria,
el desbordamiento vital
y la cortedad de mis recursos,
y vomito por las lágrimas una pena cósmica,
un desconsuelo atroz,
Un tedio,
una apatía, una desgana…
un estrangulamiento,
todas las legiones de todos los demonios
me atacan a la par,
haciéndome sentir como si Dios
se arrepintiese
profundamente de haberme creado,
esto ya es el fondo de un cruel abismo
del que ya solamente se puede afluir
a modo de cascada de plegarias,
de versos, de luz,
de agradecimiento al Dios Altísimo,
tan Padre, tan hermano,
tan amigo,
tan soplo intrépido y creativo de amor
por estar a cada instante restañando
mis heridas con su tierna mirada,
por reconvertir en tierra fértil
el yermo infecundo
de mis montes quemados,
por tenderme la mano santa de su madre excelsa,
por impregnarme del perfume creador de sus sacramentos,
por poder inmolar mis adentros
y sumarme temblorosa a su Cruz,
por los cálidos besos de enamorado
y las innumerables inocentes
caricias de Cristo
que transforman en rosas,
en oro y en joyas,
en vino y almizcle
lo que otrora había sido
mi tela de araña.
By Hortensia