Imagina que te invitan a la inauguración de un club donde el lema principal es «Libertad, Igualdad y Fraternidad».
Llegas emocionada, participas en la reforma del local (la Revolución), pero cuando se abren las puertas, te dicen que tú no puedes pasar porque, aunque la invitación decía «todos», en realidad se refería solo a «todos los chicos».
Esa es la historia del constitucionalismo del siglo XIX:
- El engaño del lenguaje: La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) no usaba un masculino genérico; estaba escrita por y para varones. A pesar de que las mujeres participaron activamente en la Revolución francesa, sus peticiones de extender esos derechos fueron rechazadas radicalmente.
- El precio de alzar la voz: Olympe de Gouges es el ejemplo más impactante. Al ver la trampa, escribió la Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791). Su recompensa por pedir que las reglas fueran iguales de verdad no fue objeto de debate, sino de la guillotina.
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- Invisibles en lo público: En España, la Constitución de Cádiz (1812) y las posteriores ni siquiera mencionaron el voto femenino. Las mujeres tenían prohibido asistir a las Cortes, lo que generó situaciones casi cómicas de mujeres que se disfrazaban de hombre y se colaban con la complicidad de los ujieres solo para escuchar qué se decidía sobre sus vidas.
- Una educación «útil» (pero no para ti): Mientras los hombres accedían al conocimiento, a las mujeres se les permitía, como mucho, una educación primaria «utilitarista». El objetivo no era cultivar su mente, sino prepararlas en las «virtudes y labores propias de su sexo», es decir: cuidar y obedecer.
Mary Wollstonecraft, filósofa y escritora inglesa de la Ilustración, vivió en París durante la Revolución francesa, tuvo allí a su primera hija con un hombre de negocios norteamericano y, ya de vuelta en Inglaterra, conoció al filósofo William Godwin, con quien tuvo a su segunda hija, Mary Shelley, futura autora de Frankenstein. La obra más importante de Mary Wollstonecraft es Vindicación de los derechos de la mujer (A Vindication of the Rights of Woman), publicada en 1792. Wollstonecraft denunció los puntos ciegos de la Ilustración, que predicaba la razón como rasgo común de la humanidad pero, en la práctica, la reservaba a los varones blancos, excluyendo a las mujeres y a quienes no eran occidentales. Refuta los argumentos que relegaban a las mujeres a una ciudadanía de segunda, polemizando de forma directa con Rousseau. Sus tesis se agrupan en tres ideas: niega la división entre virtudes masculinas y femeninas y defiende una única moral para todos; critica la oposición entre razón (atribuita a los hombres y al espacio público) y pasión (asignada a las mujeres y al ámbito privado), sosteniendo que razón y pasión se complementan; y otorga un papel central a la educación y a la socialización, al denunciar que las mujeres eran educadas solo para agradar a los hombres y reclamar una reforma profunda de la sociedad y de la escuela, incluyendo la escolarización conjunta de niños y niñas, algo radicalmente innovador en su tiempo.
- La «Potestad Marital»: Al casarse, la mujer pasaba de estar bajo la autoridad de su padre a estar bajo el control absoluto de su marido. La ley exigía literalmente obediencia al esposo.
- Prohibido hacer trámites sin permiso: La mujer era considerada «relativamente incapaz». Necesitaba una autorización de su marido (llamada «licencia marital») para poder trabajar, firmar un contrato, empezar un negocio o incluso para presentarse en un juicio para defenderse.
- Cero control sobre su propio dinero: En el matrimonio (régimen de sociedad conyugal), el marido era quien administraba absolutamente todo el dinero y los bienes, incluso aquellos que la propia mujer hubiera aportado, ganado con su esfuerzo o heredado. Ante terceros, el marido era el dueño de todo.
- Falta de libertad personal e intimidad: El control legal llegaba al punto de que el marido podía leer legalmente el correo de su mujer, acceder a sus cuentas bancarias, e incluso ella necesitaba su permiso formal para ir a descansar a un balneario.
- Los hijos eran del padre: La «patria potestad» (el poder de tomar decisiones sobre la vida de los hijos) le pertenecía exclusivamente al hombre.