NO ES LA IA. ERES TU

Tengo un amigo que está dando un curso de inteligencia artificial para dirigentes y me cuenta algo que te sorprenderá: la primera parte no habla de IA en absoluto. Nada de algoritmos, redes neuronales ni máquinas que piensan.

Habla de productividad. De hábitos. De willpower (que es como le llaman en ese ambiente a la fuerza de voluntad). De cómo exprimir al máximo cada minuto. De revolucionar la forma de trabajar.

Y hay una razón de peso: si no eres capaz de cambiar tus propios hábitos, ¿cómo coño vas a enfrentarte a algo tan disruptivo como la inteligencia artificial?

Pero aquí viene lo que te deja alucinado. Después de todo ese bloque de productividad, saca a colación algo que nadie se espera: la SALUD. Así, con mayúsculas.

Y claro, alguien siempre pregunta:

—Oye, ¿y qué tiene que ver la salud con productividad y con IA?

Pues tiene que ver TODO, amigo.

Imagina que eres el tío más eficiente que existe. Dominas la tecnología como pocos. Exprimes la IA al máximo. Tus procesos son un reloj suizo. Ahorras horas cada semana. Eres una máquina productiva.

Pero… llegó mal la noche anterior. El desayuno fue un desastre. Comes como el culo. No tocas un gimnasio en meses. Hay conflictos en casa. Tu trabajo no te motiva. Tu vida, en general, te aburre.

Y llega la tarde. Tienes que atender a un cliente en tu despacho para enfocar su litigio, presentar un proyecto, redactar un contrato.

Tu cuerpo no está al 100%. Está al 60 o 70%. No tienes ganas. No te interesa, tienes otros problemas más urgentes propios.

En ese momento, la IA, la productividad, los procesos optimizados, todos los atajos que te ahorraron tiempo…se van al garete. Se desmorona todo.

Porque la herramienta más importante de tu día no es la IA. Eres tú.

Por eso querer lo que haces, darle verdadero sentido a tu vida, cuidar tu salud… todo eso es productividad. De hecho, es probablemente el cimiento de todo lo demás.

Mi amigo me cuenta que, en el café, entre descansos, muchísima gente se le acerca y le dice:

—Eso que acabas de contar… me está pasando ahora mismo a mí.

Y eso abre una pregunta que es oro puro:

¿Por qué la salud y la motivación real en lo que hacemos, siendo lo más importante que tenemos, siempre acaban en el sótano de nuestras prioridades?

Muchos lo aprenden a base de golpes. Cuando tenían 40 años, dos hijos, la carrera en su apogeo, y reciben el mazazo: su pareja quiere separarse. O les detectan un infarto. Y esa sacudida existencial les obliga a replantearse todo, a replantear metas, a revolucionar hábitos.

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