Hay muchas formas de vivir  la Navidad cada año.

Una forma común es la indiferencia. La indiferencia del que vive ajeno al sentimiento religioso y piensa que no debe distraerse en lo posible ante tanta banal celebración; o la del que profesa una religión distinta a la cristiana.

Hay también quien se ve obligado por interés o afectos a participar y compartir actos de abrazos y buenos deseos en ese tiempo, pero sinceramente con un sentimiento  parecido a revivir el Día de la Marmota cada año.

Para otros es una bonita tradición, que intenta vivirla un año más en familia, y en la que no en pocos casos se pone a prueba esa unión familiar, los apegos y el aguante ante los excesos.

En muchos casos esos excesos traen dramas, que se recordarán en la navidad del año siguiente. Un estudio realizado por la Universidad de Duke (Estados Unidos), certifica que las muertes por fallo cardiaco se disparan un 8% respecto a noviembre, que es, a su vez, el segundo mes de mayor riesgo. El día de Navidad, el 25 de diciembre, es el que registra más fallecimientos por esta causa en todo el año, seguido del 26 de diciembre y del 1 de enero.

Según la Fundación Española del Corazón, las principales causas del aumento de fallecimientos cardíacos durante este periodo es que existe un menor control de determinados factores de riesgo cardiovascular.

La emotividad y la nostalgia habituales de las fechas navideñas, junto con el estrés y la típica desconcordia familiar, son factores externos que afectan a nuestra salud, especialmente en Navidad.

Novedad contemporánea en España es no considerar políticamente correcto dar sentido cristiano al período de navidad.

Desde poderes públicos y empresas se organizan eventos en este período que cuidan al detalle que la fiesta mantenga una neutralidad religiosa, especialmente en centros y espacios públicos.

Pero si se mantiene una vacación lectiva en diciembre de cada año, neutra desde el punto de vista religioso, precedida e influida por intereses económicos y políticos, en la que en algunas ciudades y pueblos se deslumbra a los ciudadanos con luces y decoraciones de pinos y flores de pascua. Como si volviera la moda de otoño-invierno de ese año.

Pero sigue existiendo una Navidad verdaderamente cristiana, sana moral y físicamente, que puedes vivir  como el que asciende en una escalera de caracol espiritual cada año, y a través de la cual vas ganando altura. Una altura espiritual claro está, si tu escalera está bien construida.

Esta Navidad no se vive en las celebraciones, sino en el corazón de cada uno, que es donde volverá a nacer Jesucristo si uno lo quiere.

Para la preparación del alumbramiento la Iglesia determinó el período del Adviento (del latín adventus, «venida»), que es el primer período del año litúrgico cristiano, y consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo. Su duración suele ser de 22 a 28 días, dado que lo integran los cuatro domingos más próximos a la Navidad, al nacimiento de Jesucristo, el Mesías, en tu alma, cada 25 de diciembre.

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