El otro día escuché a un conferenciante de un CEO de una importante sociedad de inversión en Fondos que a su vez invierten en “private equity”, es decir en empresas privadas solventes y de sostenido crecimiento, e indicaba en su conferencia que un problema de España es que sacamos poco interés a nuestras inversiones a nivel individual y a nivel país. Tenemos mucho dinero desinvertido o invertido de manera poco óptima por desconocimiento en finanzas.
Señalaba que para invertir mejor era importante la planificación, la diversificación y el producto. Que patrimonio tengo, que rentabilidad le quiero sacar, y en que tipo de activos invierto y durante cuánto tiempo.
Destacaba que más de un tanto por ciento de tu patrimonio no debe estar invertido en el mismo activo. La diversificación es uno de los secretos del éxito en las finanzas. No puede haber una inversión que si va mal te cambie a mal tu vida.
A mi edad, considerándome ya casi en la prórroga del partido de mi vida, cuando me pongo a pensar sobre si estoy gestionando bien o no mi propio patrimonio, me pregunto desde una perspectiva cristiana, si es posible ser seguidor de Cristo, y preocuparte de una gestión adecuada y prudente del patrimonio propio, incluso con operaciones especulativas.
Hay quien piensa desde el punto de vista economicista, que cualquier mejora a la que aspiramos es especulativa, sea en salario o en porcentaje de rentabilidad de tu inversión a lo largo del tiempo.
Yo pienso que la especulación puede ser legítima también desde el punto de vista cristiano, en el marco de un retorno honesto y conseguido de manera ética. Siempre evitando la avaricia y el afán desmedido de riquezas ( Lucas 12:15), priorizando el bien común, y evitando inversiones que puedan promover injusticias, explotación o actividades contrarias a la dignidad humana.
Recuerdo aquí la Parábola de los talentos (Mateo 25:14-30), en la que Jesús alaba a los siervos que invirtieron sabiamente los talentos.
El desasimiento cristiano no es desprecio de los bienes materiales, sino de poner el foco de tu vida más en los valores que en el retorno del servicio o la inversión. Hacer realidad en la propia vida el consejo de Cristo de buscar primero el Reino de Dios, y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura -Mt 6,33-.
Un corazón dividido y tibio que quiere compaginar el amor a Dios con el amor a los bienes es muy probable que caiga en la comodidad, aburguesamiento, y que mantenga a Cristo simplemente como algo más en su vida o que acabe en el baúl de sus increencias.
En rupturas de parejas y divorcios no son pocos los casos que se mantienen litigios, incluso durante años, fundamentalmente por el activo o pasivo de su extinta comunidad o sociedad, aunque se aparente que la pelea es por los hijos, a los que se victimiza en su beneficio con el litigio.
En todo caso desde un corazón mayormente economicista siempre queremos más, en una escalada sobre la abundancia y el lujo difícil de evitar, lo que causa envidias, insatisfacciones, pérdidas de vida totalmente innecesarias e injustificadas desde un punto de vista de lo que es la vida de una persona y del ecosistema en que va a tener que vivir. Es causa incluso de guerras.
Pero especular también puede ser una forma de arriesgar lo propio por el beneficio de los demás.
Pienso que no sería contrario a los valores cristianos por ejemplo una gestora de promoción de viviendas que posibilite aunar capital o realice una inversión, incluso para poner en mercado alquiler por habitaciones, cobrando u obteniendo un retorno proporcionado por tal intermediación o inversión, cuando como hoy existe una demanda de tales viviendas o soluciones habitacionales, siempre que la especulación que hacemos en ella con nuestros dones y gestión no tenga por principal motivación enriquecernos, sino poner el producto que otros necesitan en el mercado, de la mejor forma y precio posible.
Por ello, desde mi parecer, antes de participar en actividades especulativas, es importante reflexionar el porqué y para qué de nuestra intervención, gestión o inversión.