¿MI ABUELO EN LA TIERRA?

Salí temprano de casa, como casi siempre, este viernes 30 de octubre. Llegue a la calle y comprobé que el clima seguía caluroso para la época del año que vivimos. Me encomendé a Nuestro Salvador a fin de estar sereno y seguro en la vida, cuando de repente me di cuenta de que me estaba llevando por delante a una persona mayor. Al instante eché mis brazos para impedir que cayera al suelo y el hombre me habló diciéndome “¡ay hijo, si estamos los dos iguales!; iba con dos muletas o por lo menos con una.

En ese momento comprobé que la voz era de alguien, era ya una voz conocida de antiguo, que me transportaba a otro espacio, a otros lugares transitados por mí en estos lares.

Dejé al señor lo mejor que pude, pidiéndole perdón por mi empellón, y seguí mi camino. Rebusqué y busqué en mi memoria y en mi corazón; cuando cruzaba la calle grande, a pesar del ruido del tráfico, se me iluminó la mente y fui consciente de que estaba recordando a mi abuelo materno querido, mi abuelo Tomás, con el que tantas vicisitudes he tenido y he vivido durante toda su vida y la mía.

Vi que a pesar de llevar fuera de este mundo ya más de 20 años, seguía presente en mi memoria de una forma tan vívida como si estuviera aquí mismo, a mi lado. Lo oía, lo sentía y escuchaba como si no hubiera pasado el tiempo y estuviéramos juntos otra vez de forma física.

¿Qué había ocurrido para que se despertara esa cuerda dormida dentro de mi alma y en ese viaje tan anodino rutinario de cada día? Había escuchado a mi abuelo a través del hombre que había abrazado con mis brazos firmes para evitar su caída durante ese empellón. El timbre era exacto, igual que su expresión, esas cadencias finales que hacían bajar el volumen casi demostrando afirmatividad cuando incluso se le inflingía algún daño. La paciencia lo alcanzaba todo en su persona, el silencio era la mejor pregunta, que los demás no sabíamos contestar. Es ahora y con estos años cuando me pregunto si de verdad su legado lo he sabido aprovechar en mi favor y, por consiguiente, en el favor de los demás.

Hoy, día 30 ha sido un día bendecido por darme la oportunidad de encontrarme con mi abuelo a través de un hombre cualquiera, de un transeúnte de mi acera, en mi propia calle. Dios ha querido acercármelo de una manera más palpable que la misma memoria más furibunda en recordar, tal vez para pedir por él, tal vez para sentir con él, o, quizá solo para acompañar con él.

Quiero ser fiel seguidor tuyo y copiar en todas las facetas de tu vida lo mejor. Sé que me quieres acompañar hoy y siempre por este mundo incomprensible que andamos y, que cada vez parece más lejano precisamente por nuestra irreflexividad y poca falta de atención a lo importante y verdadero. Pido por ti, abuelo querido, y quiero para mí y mi familia todo lo que albergabas en tu corazón para todos nosotros.

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