David: Jolín me lo tengo que hacer ver. Cada vez me siento rodeado de gente más egoísta y pese a que trato de alegrar al que me rodea, lo consigo a ratos, o no lo consigo.
Por eso como cristiano me ha dado que pensar un artículo que leí que no es llevar la etiqueta, ni lo que uno piensa. Vamos que una cosa es ser y otra querer ser.
Carlos: Claro, el típico que va a misa los domingos y el lunes le está haciendo la puñeta al compañero de curro.
Todos solemos ser estupendos, o creemos que lo somos. El problema es cuando se nos va la olla por que tenemos una necesidad o problemas, o simplemente porque no nos sentimos queridos o la codicia.
David: Efectivamente. Revisar quien eres y que quieres de verdad. Y relativizar todo lo que te ocurre cada día en el marco del Camino que quieres seguir y como no quieres comportarte es fundamental. Si te dejas llevar solo por cómo te sientes cada día, acabas montando un numerito cada dos por tres, y si solo usas la cabeza, te conviertes en un robot.
Carlos: O sea, que al final la clave es currárselo por dentro día a día, ¿no? Porque la tormenta, la crisis o la tentación… va a llegar sí o sí. Y ahí se verá si lo tuyo es oro de verdad o chapa barata que se oxida al primer chaparrón.
Porque lo cierto es que si tienes un sentimiento negativo con alguien y lo dejas crecer dentro, es como la mala hierba, te acaba invadiendo el huerto.
David: Si así es, al final mira cuantos amigos de verdad te quedan.
La gente es capaz pagar en una expedición para subir al Everest, e incluso subirlo. Y no digo que no sea una hazaña monumental y al alcance de muy pocos. Aunque tengas tiempo y medios para ir en una expedición, tienes además que tener una fuerza física, una voluntad y una resistencia extraordinarias. Pero es una montaña externa.