SOBRE EL CONTROL DE MI VIDA

«Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría. Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada». Jn 16, 20-23

Trata de mirar tu vida en la línea de la eternidad y aprenderás a disfrutar el día de hoy aquí presente sin mortificarte de los dolores pasajeros. Pero también te irás disponiendo viviendo el presente a una eternidad donde el dolor, la angustia y la pena ya no tendrá lugar.

Querer controlar la vida es imposible. O, mejor dicho, el control nos acaba controlando a nosotros.

No sé si la has visto, de Marvel, el Doctor Strange.

En la peli Doctor Strange, hay un momento que está con el Doctor Strange, le dice: «¿Quieres que te diga cuál es el secreto de la existencia, de la vida?». Dice: «De acuerdo». «Nothing is about you.» La vida no va de ti. Esto no depende de ti.

Por lo tanto, esa idea de que tenemos de controlarlo todo y luchar para que todo sea como queremos, es lo más loco que nos podemos imaginar. Por eso Dios se ríe de nuestros planes.

Se ríe porque, al final, va a suceder lo que tenga que suceder. En realidad, controlamos muy poquito. Entonces, ¿cómo aprender a vivir con el mínimo control, el justo y necesario solamente, para que yo pueda evitar lo más inmediato?

Pero, controlar la vida, controlar a los demás, eso es una locura.

Si tú extiendes la mano y se posa en ella una mariposa, y no la cierras, y no intentas poseerla cogiéndola, si tú la dejas -let it be, déjala ser-, puedes disfrutarla viéndola mientras esté ahí. Y cuando se quiera ir, se irá.

Pero cuando tú quieres poseerla, controlarla, lo que vas a hacer es cargártela. Te vas a quedar, probablemente, sin mariposa, o bien porque saldrá volando, o bien porque te la vas a cargar. Por lo tanto, el exceso de control es un tema que tenemos que resolver, y la base del control es el miedo. Porque tengo miedo, controlo.

Porque me doy cuenta de que el control no es suficiente, me viene ansiedad, y cuando sufro por ansiedad, al final me acabo volviendo un obsesivo. Es un recorrido que hacemos cuando la base está en el miedo, y el miedo hay que sacárselo rápido de encima.

Un maestro con su discípulo va en camino al monasterio para que el discípulo se convierta en maestro. Se les hace de noche, encuentran una casita perdida, y llaman a la puerta: «Oigan, somos monjes, vamos camino al monasterio, ¿les importaría que comiéramos aquí en la casa?». «Sí, sí, se pueden quedar aquí en la casa». Bueno, ven que es una familia, padre, madre y dos hijos.

Visten de una forma muy sencilla, en fin, muy pobre.Y le pregunta el maestro: «¿Ustedes de qué viven?». «Nosotros vivimos porque tenemos una vaca, y esa vaca nos da lo que necesitamos: tenemos leche, nos da queso, y eso es lo que cenamos, queso y leche, y con eso vamos tirando». «Ah, muy bien».

Al día siguiente, van por el camino de vuelta, y el maestro le dice al discípulo: «Vete a la casa y cuando no te vean, llévate a la vaca o haz que desaparezca y no vuelva a esa casa. «Hombre, maestro, esto no puede ser, por amor de Dios, que esta gente se va a morir, que la vamos a dejar sin su sustento». -«Hazme caso».

Bueno, le hizo caso. Pasaron 15 años, al cabo de 15 años, el chico, cuando salió del monasterio, ya siendo maestro, lo primero que se le ocurrió es ir a la casa donde habían pasado aquella noche, convencido de que no iba a encontrar nada, que aquella gente estaría muerta. Y, en cambio, se encontró con todo lo contrario: una casa lujosa, lujosa no, pero muy arreglada, una casa bonita, con colores, había un huerto, había flores, plantas… «Bueno, deben ser otros». Llamó a la puerta: «Oiga, mire, yo soy un maestro que vengo del monasterio, y vengo a saludarles porque aquí pasé una noche con mi maestro,

…». -«Ah, sí, ya me acuerdo. Hombre, pero esto ha cambiado mucho».

«Pero ¿cómo ha sido que ustedes cambiaron todo esto?». «Pues mire, se lo voy a contar. Resulta que un día se nos fue la vaca. Y a partir del día que se fue la vaca nos tuvimos que espabilar. Tuvimos que vender las herramientas que teníamos, con las herramientas compramos cosas para sembrar, sembramos, de la siembra sacamos plantas y cosas para vender, lo vendimos y fuimos haciendo negocio, y ahora podemos vivir plácidamente de todo eso». «Ah, muy bien, muy bien, muchas gracias», y se fue.

Y se fue pensando lo mismo que yo les voy a preguntar a ustedes: ¿cuál es la vaca que no suelto de mi vida? ¿Cuál es la vaca que, si la soltara, tendría un miedo atroz? Porque si no suelto, lo que no suelto siempre me tendrá a mí, y aquello que me tiene a mí me tiene controlado.

Por tanto, no es bueno controlar todo, especialmente cuando ese control es innecesario o incluso perjudicial. Liberarse de la necesidad de controlar todo puede ser beneficioso para la salud emocional y mental.

  • Posibles conclusiónes:

         Profundiza en tu fe en Cristo, y si no la tienes, ábrete a tu posible encuentro con Él.

    • Identificar las áreas donde se necesita controlar y por qué.
    • Aceptar que hay cosas que están fuera de nuestro control y enfocarse en lo que sí podemos influir.
    • Dejar ir los pensamientos negativos y las preocupaciones.
    • Practicar la atención plena, la oración constante y la meditación.
    • Dejar de intentar controlar a otras personas o situaciones.

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