Mi amigo More me ha contado que ha descubierto un pueblo precioso que se llama Baños de la Encina en Jaén. Tranquilo. De esos que parecen detenidos en el tiempo.
Y ahí, dominándolo todo, el castillo de Burgalimar. Un castillo del año 968, más de mil años.
Y lo que más le llamó su atención no fue la antigüedad… fue cómo lo construyeron.
Nada de materiales sofisticados, nada de diseño espectacular, nada de “vamos a hacerlo bonito para Instagram”.
No tenían tiempo porque atacaban los cristianos, así que tiraron de barro, paja, cal y piedras del río. Vamos, lo que tenían a mano.
Se imaginó como el califa omeya Al-Hakam II diciendo: «¡Dejaros de bobadas, que vienen los infieles! Tú tira para arriba con el encofrado, que ya lo pondremos bonito».
Y con eso levantaron una fortaleza que sigue en pie mil años después. Ahí es nada. Y claro… inevitablemente pensó en todos nosotros.
Porque hoy hacemos justo lo contrario.
Queremos la herramienta perfecta.
El momento perfecto.
La idea perfecta.
El logo perfecto.
La web perfecta.
El curso perfecto.
Y mientras tanto…
No hacemos nada.
Nos escondemos detrás de la perfección.
Pero la perfección no deja de ser una excusa elegante para no empezar.
No necesitas el castillo perfecto.
Necesitas empezar con el barro que tienes.
Porque la diferencia entre el que avanza y el que no…
no está en lo que tiene.
Está en lo que hace con lo que tiene.
«lo perfecto es enemigo de lo bueno» dijo el filósofo Voltaire,
Si, hay que evitar la parálisis por análisis, y tener en cuenta globalmente no solo la carga de trabajo que tenemos, sino también que a menudo, lograr el último 20% de perfección requiere el 80% del esfuerzo total.
Normalmente es preferible poner una demanda que se entienda lo que se quiere y el derecho que entendemos que le corresponde a nuestro cliente, que esperar hasta el último momento antes de que se nos pase el plazo a que esté perfecta.
Normalmente es preferible que se nos notifique una sentencia justa, con razonamientos que se entienden, aunque no esté perfectamente armada o redactada, a que nos hagan esperar más allá del plazo previsto para su notificación a que esté perfectamente fundamentada.