El otro mi amigo More me habló de su amiga Carmen.
Carmen es de esas personas que parecen un catálogo de superpoderes: es coach, actriz, experta en altas capacidades, igual te enseña a hablar en público que te impulsa en tu desarrollo personal, tiene más tablas que la carpintería de Gepetto y, para rematar, es guapa y divertida. Vamos, que lo tiene todo.
Le contó que hace unos meses se presentó a un casting y no la cogieron. ¿Y sabes qué le dijo?: “Lo normal, estoy más que acostumbrada”.
Así, tan tranquila. Como si hablar de que no te elijan día tras día fuese lo más natural del mundo.
Y añadió algo: “Presentarse a un casting es una experiencia por la que todo el mundo debería pasar. Porque lo habitual es que te den calabazas. Y aprendes a gestionarlas”.
¡Qué gran verdad! Quien se ha quedado en paro con 50 años y ha buscado trabajo sabe lo que es enfrentarse a un «casi seguro NO»
Seamos sinceros: ¿a quién le gustan las calabazas? A nadie. Pero si lo piensas bien, la vida entera está llena de castings: para un trabajo, para una pareja, para un proyecto, para una idea. Y en la mayoría, no te cogen si ya tienes una edad.
El problema no son las calabazas, sino cómo las gestionas.
Algunos se hunden, otros se cabrean… y unos pocos, como Carmen, coleccionan calabazas y las convierte en aprendizaje.
Imagínate qué pasaría si empezaras a ver cada “no” como una oportunidad de entrenar la resiliencia. Cada calabaza, un escalón. Cada rechazo, un músculo que se fortalece.
Como abogado llevemos eses espíritu a la gestión del litigio que nos encomienda un cliente, proponiendo colaborativamente al compañero del otro en la disputa redactar un convenio que pueda ser aceptado por ambos contendientes en un conflicto de pareja o matrimonial.
Buscar «una solución antes que la resolución» significa trabajar colaborativamente con los demás gestores del conflicto, empatizando con todos los intereses en juego, y realizar una lluvia de ideas, de posibles soluciones, elegir conjuntamente con el otro u otros gestores del conflicto la más adecuada, y redactarla en un preconvenio regulador aceptable para nuestro cliente y para el de los demás gestores del conflicto, haciendo los ajustes al mismo que fueren necesarios para cerrar el acuerdo.
Si no lo logras, recuerda a Carmen: ¡no pasa nada!. En el siguiente caso vuelves a intentarlo, porque sabes que normalmente una primera resolución judicial no es la solución definitiva al problema, y aunque no lo logres… oye, tu lo intentaste a tope, y otra calabaza para la colección.