Arthur Schopenhauer (1788-1860) comparó el dolor que producen las relaciones humanas con unos erizos que deben juntarse para no morir de frío, pero que a la vez no quieren ser dañados.
La fábula dice así:
“En un día muy helado, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente la necesidad de juntarse para darse calor y no morir congelados.
Cuando se aproximan mucho, sienten el dolor que les causan las púas de los otros erizos, lo que les impulsa a alejarse de nuevo.
Sin embargo, como el hecho de alejarse va acompañado de un frío insoportable, se ven en el dilema de elegir: herirse con la cercanía de los otros o morir. Por ello, van cambiando la distancia que les separa hasta que encuentran una óptima, en la que no se hacen demasiado daño ni mueren de frío.
La idea que esta parábola quiere transmitir que cuanto más cercana sea la relación entre dos seres, más probable será que se puedan hacerse daño.
El espíritu de esta fábula está muy extendido en las relaciones contemporáneas entre las parejas, familias y amigos, y explica la importancia de los límites, tanto físicos como emocionales, que hoy se mantiene en las mismas.
También nos ayuda a comprender que es normal mantener cierta distancia con personas que nos causan sentimientos ambivalentes, o que es normal elegir mantener una relación superficial en determinados contextos de nuestra vida.
Y es que no es lo mismo la soledad querida o buscada, que la impuesta.
Muchas personas prefieren el anonimato de las grandes ciudades a las relaciones obligadas interpersonales de las pequeñas poblaciones, pero esas mismas personas pueden sentirse heridas si un amigo en el que confiaban pone distancia en su relación con ellas, sin una explicación.
Los erizos que aprenden a generar su propio calor, son capaces de mantener la distancia más segura con otros, lo que no significaba necesariamente vivir una vida de aislamiento, sino simplemente no mantener ciertas dependencias, que pueden ser no positivas, respecto de relaciones con ciertas personas, aunque sean de la misma unidad familiar o grupo al que uno pertenece.
Es importante para nuestra vida que busquemos nuestros momentos de soledad para conocernos mejor, como queremos ser, y con quien queremos compartir día a día quienes somos, y que personas no deseamos a nuestro lado.
Es mejor la soledad bien entendida, que estar atrapados en un grupo o una relación que no deseamos, pero que a veces mantenemos por dependencia o cobardía.
El sentimiento de angustia por soledad más extendido actualmente deriva de sentirse incomprendido o excluido. No es no tener personas a tu alrededor, sino no poder comunicar las cosas que a uno le parecen importantes, o de tener ciertos puntos de vista que para otros parecen inadmisibles o sin importancia.
El equilibrio entre cercanía y distancia en las relaciones interpersonales dependerá de cada tipo de relación, de las circunstancias de cada uno y especialmente del contexto social, económico y emocional del vínculo en cuestión.