AVE FENIX

Nadie nace con el camino marcado, solo uno puede abrirlo paso a paso.

En la mitología griega existía un ser que no conocía la rendición: el Ave Fénix. Un pájaro majestuoso que, cuando llegaba su hora, ardía por completo… y de entre sus propias cenizas volvía a nacer.

Y no renacía igual.
Renacía mejor.
Más fuerte.
Más brillante.
Más él.

El Fénix no pedía permiso.
No negociaba con las llamas.
No lloraba lo que ya se había quemado.

Simplemente, aceptaba que el final era parte del proceso…y luego hacía lo que tiene que hacer un Fénix: volver a volar.

Te cuento esto porque, si lo piensas, todos tenemos momentos “incendio”.

Épocas en las que parece que la vida te pasa por encima con un lanzallamas,
en las que sientes que nada funciona, en las que todo lo que era sólido se convierte en humo.

Y ahí tienes dos opciones:

  1. Sentarte en las cenizas.
  2. O aprovechar el calor para forjar una versión nueva de ti.

Y aquí viene lo bueno. No hace falta viajar a Egipto, ni a Grecia, ni a ninguna biblioteca mitológica para ver un Fénix de verdad.

En España hay muchas aves fénix volando. Puede que te la encuentres, que incluso te hayas tomado un café con alguna de ellas. No te contarán que lo son, pero lo son.

Algunos son personajes públicos, como el alcalde de La Roda, Juan Ramón Amores. Es un ejemplo de superación por su lucha contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad que padece desde 2015. A pesar del diagnóstico, se presentó a las elecciones municipales y ganó con mayoría absoluta, revalidando su cargo posteriormente, y sigue ejerciendo como alcalde demostrando una gran fortaleza y dedicación. Su caso se ha convertido en un símbolo de que se pueden cumplir metas a pesar de una enfermedad grave, con un mensaje de perseverancia, resiliencia y optimismo frente a la adversidad. 

En el terreno de la salud mental, muchas historias de superación son anónimas y discretas, pero no por ello menos poderosas; un ejemplo es el testimonio de “Blanca”, una mujer que relata haber vivido triste desde la adolescencia sin entender por qué, hasta recibir un diagnóstico de depresión que para ella fue vivido casi como una sentencia de final. Tras años de tratamiento combinado (psicoterapia intensiva y medicación antidepresiva ajustada), describen que pasó de un “estado deplorable” a recuperar el deseo de vivir, la capacidad de disfrutar y la energía para proyectar un futuro, insistiendo en que la depresión se puede superar aunque el camino sea largo y duro.

Ahora su testimonio enseña a otros pacientes que pedir ayuda no es signo de debilidad y que, aunque el incendio interior parezca arrasarlo todo, con apoyo, constancia y tratamiento puede nacer una versión más fuerte y consciente de uno mismo, que mira a los demás con más compasión

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