Estamos atravesando cambios disruptivos que generan conmoción tanto individual como colectiva. Estos cambios nos impactan, y pueden provocarnos incertidumbre e incluso miedo.
Somos conscientes de que la humanidad sigue caminos insostenibles. Las luchas de poder, las guerras y la carrera armamentística actual carecen de sentido, sobre todo en un momento donde el conocimiento podría mejorar enormemente la calidad de vida.
Frente a los desafíos diarios, me pregunto qué puedo hacer cada mañana para aportar valor a mi vida y a la de los demás.
Es crucial poner barreras a la impotencia y la desesperanza. Si permito que entren, me bloquearé. Mi enfoque debe estar en lo que quiero, no en lo que temo.
Un ejemplo de esta actitud es el de Anne Mansfield Sullivan, nacida el 4 de abril de 1866. Sus padres, inmigrantes irlandeses, llegaron a EE.UU. por la Gran Hambruna. Tras la muerte de su madre cuando Anne tenía ocho años, ella quedó al cuidado de su padre.
Finalmente, su familia terminó en un asilo para niños pobres. Anne sufría de tracoma, lo que deterioró su vista, pero su vida dio un giro cuando ingresó a la Escuela Perkins para Ciegos en Bostonen, donde se le hicieron muchas operaciones para tratar su enfermedad, y su vista mejoró, y en donde se graduó exitosamente.
Anne aprendió el alfabeto manual y trabajó con Laura Bridgman, una mujer ciega y sorda. Esta experiencia la preparó para ser instructora de Helen Keller, quien perdió su vista y audición a los 16 meses debido a la encefalitis. A los seis años, Sullivan comenzó a enseñarle a leer, escribir y hablar, haciendo que Helen tocara objetos mientras le deletreaba los nombres en la mano. También le enseñó a escribir con un tablero especial y a hablar a través de las vibraciones en su garganta.
Helen Keller se graduó con honores en la Universidad de Harvard y se convirtió en una activista. Su historia inspiró películas como Un milagro para Helen Keller.
Tú puedes ser un rayo de luz para un momento de oscuridad de otro. Simplemente con un gesto, con una ayuda, con una actitud. Con tus palabras, con tu vida, puedes llevar esperanza.
Salvo que se trate de una renuncia estratégica, jamás hay que renunciar a lo que uno puede hacer.