En el mundo puedes navegar con un bote a remos, en una tartana o con un Galeón. Pero la verdadera travesía de tu vida la navegas en un barco espiritual, que tú mismo te construyes, y en el que sólo tú eres el capitán.
Para el que no sabe a qué puerto se dirige, no hay ningún viento favorable, dijo el filósofo romano Séneca. Cierto es que para muchas personas la vida se convierte en un viaje sin rumbo, o simplemente no han encontrado un gran Ideal en el que centrar el rumbo de su vida, contentándose con zafarse de las tormentas y escollos de la vida.
Pero si en tu barco incorporas un Ideal, será tu Mástil, del que, por medio de tus valores, a modo de botavaras, desplegarás tus velas, que son tus dones, y con el viento del Espíritu Santo, y la derrota que tú mismo traces en cada singladura, seguirás tu rumbo.
Para seguir un rumbo verdadero, pudes conectar con Cristo, que te puede proporcionar todo un sistema de navegación.
Fuere cual fuere el tuyo, lo sensato en la última etapa de la travesía es supervisar el recorrido con arreglo al plan de vida trazado, y ajustar en lo posible las desviaciones, de forma que nos aseguremos, en lo posible claro, a que puerto arribamos, en el que indefectiblemente hemos de atracar.