Queridos hijos,
Os escribo estas líneas con el único deseo de compartir con vosotros dos mensajes que hoy me han impactado y que me han hecho meditar. A veces, en el ajetreo del día a día, olvidamos decirnos lo que realmente importa, y sin darnos cuenta desperdiciamos nuestro tiempo o nos preocupamos por cuestiones que realmente no nos son importantes, cerrándonos o echando a perder otras cuestiones que si son realmente importantes en nuestra vida.
He aprendido que uno de los mayores riesgos que corremos es vivir en piloto automático. A veces pasamos décadas cumpliendo trámites y marcando casillas en una lista que ni siquiera escribimos nosotros, solo para darnos cuenta, mucho tiempo después, de que estábamos subiendo una escalera que estaba apoyada en la pared equivocada. Por eso, creo importante que busquéis vuestro propio camino, uno que les haga sentir realmente vivos, que os impulse a madrugar, y no solo os ocupe.
A menudo nos decimos que seremos felices «cuando» logremos aquel trabajo o ascenso, «cuando» tengamos más dinero o «cuando» los niños crezcan. Pero ese «luego» es un espejismo. La vida es lo que sucede hoy, en este preciso instante. No esperéis a tener 66 años para entender que el tiempo no tiene botón de reinicio y que la mayor riqueza no se guarda en una cuenta bancaria, sino en los momentos compartidos y en el amor que entregamos sin condiciones.
No sintáis nunca la presión de tener que ser «extraordinarios» para que su vida tenga valor. He comprendido que el mundo no solo se sostiene por las grandes figuras de los libros de historia, sino por la gente que, en silencio, hace el bien. Importar es algo mucho más íntimo: es la educadora que cambia la vida de un pequeño sin buscar fama, es el amigo que te acompaña con un café cuando todo parece oscuro, o es el padre que apoya a su hijo hasta que el miedo al comienzo del curso escolar desaparece. Lo que verdaderamente importa es cómo hagáis sentir a los demás y en la amabilidad y servicio que prestéis incluso cuando estéis cansados.
Os deseo que viváis impulsados por una fuerza interior, por esa luz que algunos llaman espíritu o propósito. Cuidar por tanto vuestra espiritualidad, que es algo mucho más profundo que una educación o un conocimiento.
No os canséis de cultivar sanas costumbres y buenos hábitos, no por rutina, sino porque cuida tus buenos hábitos y tus buenos hábitos te cuidarán a ti.
Ser honestos con vosotros mismos; la verdadera elocuencia no nace de las palabras bonitas, sino de los hechos que hablan por uno.
Cuando miréis hacia atrás, os aseguro que no recordareis las horas extras en el trabajo, las horas de estudio, o las posesiones que acumulasteis. Lo que brillará en vuestra memoria será el chocolate que tomamos el día de reyes, el viaje que hicimos juntos, la relación que cuidasteis a pesar del orgullo, y las palabras de afecto que no os guardasteis.
Lo que recordareis es la vida dedicada a un loable propósito y el amor puesto en muchos momentos. Por ello, por favor, no dejéis para mañana el regalo de estar presentes hoy.
Con todo mi amor, siempre,
Papá