Con más de 40 embalses en su interior y dos de las cuencas hidrográficas más importantes de España, atravesando su territorio (Tajo y Guadiana), Extremadura es la región con más kilómetros de costa interior de la geografía española. Montañas, bosques, lagos, reservas…, y un gran puñado de tierras para usos agrarios y forestales.
Pero esta entrada no desea hablar de Extremadura, sino de la unión de una población para defender los puestos de trabajo, que son fundamentales para el sostenimiento de los pueblos y de sus familias. Para una vida digna y en tierra de uno. Buscando todas las posibilidades de sus recursos y actualmente la internacionalización.
De internacionalización entiende mucho el moldavo Víctor Cioban, que tras estudiar matemáticas en Rusia y desarrollar gran parte de su carrera profesional como director general de una gran empresa del sector energético en Ucrania, eligió Extremadura hace siete años para abrir su propia fábrica de transformadores y reactores de potencia a partir de una fábrica de transformadores ya existente en Malpartida que fue al cierre, pese a que los equipos que fabricaba son imprescindibles para el despliegue de las renovables.
La compañía se llama Faramax, y está ubicada en Malpartida de Plasencia (Cáceres). Desde ahí exporta hoy tecnología tanto a Europa (principalmente España y Portugal) como a otras regiones de África, Sudamérica y algunos países como Kazajistán y Uzbekistán.
La factoría, que hacía transformadores eléctricos de media potencia, cerró a finales de 2015 y los nuevos dueños la reabren con 30 antiguos trabajadores y la expectativa en dos años de duplicar facturación y plantilla. La clave de la resurrección estaría en la fabricación de un nuevo tipo de transformador, de potencia variable y diseñado por la ingeniería ucraniana
Un grupo empresarial suizo-ucraniano, Faramax-SKRM se hizo con la fábrica de transformadores eléctricos Electrotécnica Extremeña (ETESA) en dicha localidad, tras haber conseguido un acuerdo a varias bandas con los acreedores y el Juzgado de lo Mercantil, siendo entonces accionistas de la misma la familia vasca Arteta o el grupo empresarial público extremeño Avante.
La virtud de estos nuevos interesados es que han creado un nuevo tipo de transformador, de potencia variable –“ellos lo llaman reactor”- que a diferencia de clásicos sí tiene gran demanda internacional.
Los nuevos propietarios arrancaron con fabricación de ingenios de media potencia, y en un año o año y medio saldría el primer reactor de potencia variable. Reparan la maquinaria que llevaba un año parada, y traen otra nueva, “y en tres o cuatro meses, este verano, estarán produciendo.
El presidente de Iberdrola apuntala la ampliación de Faramax, llegando a invertir 37 millones en la fábrica de Malpartida de Plasencia. Hoy cuenta con más de 560 trabajadores y una facturación anual que supera los 88 millones de euros.
Falta de redes
La electrificación es imparable, sin energía eléctrica no existiría internet ni el mundo digital», pero ha apuntado que, no solo se necesita producción, sino que «hacen falta redes».
En este sentido, en España, «existe una demanda latente de electrificación impresionante, pero no se puede atender por falta de redes» y el futuro de Faramax está ligado a ambas y a «llevar esa producción a los consumidores a través de las redes». Para ello, espera que se pongan en marcha unos marcos reguladores que lo hagan posible.
Faramax resurgió cual Ave Fénix a partir de 2017, para dedicarse a la fabricación de transformadores de potencia y reactores magnéticamente controlados, con destino fundamentalmente a plantas de energías renovables y subestaciones.
Con una fabricación minuciosa, al detalle, casi artesanal y a la carta, es decir, basada en las especificaciones del cliente, provee a empresas de múltiples partes del mundo, como Estados Unidos, Dubái, Francia, Alemania, España, Portugal, África, Kazajistán y Uzbekistán.
Un transformador ya montado en Faramax, en Malpartida de Plasencia.
Cioban, director de Faramax, ha destacado el papel de Iberdrola y su presidente como «principal cliente y socio» y el empeño de la empresa por ofrecer «disponibilidad, flexibilidad, transparencia y una rápida respuesta» a todos sus clientes.
En unas instalaciones de 85.000 metros cuadrados de terreno y 30.000 construidos, en plena dehesa extremeña, la empresa cuenta con su propia calderería para fabricar las cubas en las que van los transformadores, de unas 110 toneladas de peso y capaces de transportar energía para calentar hasta 10.000 hogares.
Faramax no se olvida tampoco de la Investigación y el Desarrollo y, de cara al futuro, prevé superar los 600 empleos directos en 2026. Además, su director ha adelantado su intención de convertir la empesa en una «escuela industrial para formar talento y crear conocimiento» y demostrar que Europa puede tener «un sector manufacturero fuerte y competitivo».
España es un país muy compacto donde históricamente el sistema eléctrico ha sido muy fuerte y no ha necesitado tantos transformadores de potencia como otros lugares con sistemas más débiles o distancias más largas”, dice el fundador y CEO de la compañía. Los transformadores de potencia transfieren la energía de un circuito a otro aumentando los niveles de voltaje y manteniendo una corriente baja. En otras palabras: garantizan que la electricidad suministrada esté dentro del rango aceptable, evitando que se pierda energía por el camino. Se encuentran en varios puntos de la red, desde centrales eléctricas hasta subestaciones o postes de servicios públicos. Ahora, con las renovables, se hacen más necesarios que nunca.
Como afirma Víctor Cioban, “las renovables son una fuente de energía más débil. No tienen la turbinas de los generadores clásicos y la estabilidad del sistema se pierde. Si en España queremos seguir avanzando en la transición energética necesitamos esta tecnología”. Extremadura, de hecho, no va mal encaminada en este escenario: ya es la segunda región en potencia termosolar instalada y la tercera en fotovoltaica, según los datos del Gobierno.
Este país es una gran oportunidad por el gran despliegue de renovables que se está produciendo y esto influyó en la decisión. Emprendí este camino en 2010, pero no fue hasta 2016 cuando decidimos abrir un centro de producción. Fue entonces cuando, investigando el mercado europeo, divisamos la oportunidad de adquirir las instalaciones de ETESA, una fábrica que tras la crisis entró en concurso de acreedores.
Cioban recuerda que, aunque contaban con recursos propios, “nos financió la Junta de Extremadura y, más adelante, otras fuentes como Banco Santander, que nos ha acompañado en el resto del proceso”.
Faramax no ha dejado de crecer. Cerró 2022 con una facturación de 40 millones de euros y este año prevé superar los 60 millones, gracias a los nuevos proyectos que está llevando a cabo. Este mismo año, Capital Energy le adjudicó el contrato para el suministro de tres transformadores para seis parques eólicos que está desarrollando en Castilla-La Mancha, Castilla y León y Aragón, por un importe de 5,5 millones de euros. Se trata de los parques ‘La Herrada’, ‘Las Mareas I’, ‘Las Mareas II’, ‘Hazapierna’, ‘Praderas Altas’ y ‘Torrecilla’.
El camino no ha sido fácil porque nuestro mercado es complicado. Las grandes eléctricas son muy conservadoras, pero poco a poco hemos conseguido entrar. Iberdrola representa ya entre el 30% y el 40% de nuestra cartera de pedidos”, afirma. Así, por ejemplo, suministró los transformadores de potencia para la construcción de la planta fotovoltaica de Núñez de Balboa en Usagre (Badajoz), una de las más grandes de Europa con 500 MWp de capacidad instalada.
Además, el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo aprobó el pasado año la concesión de un préstamo a la empresa de 14,67 millones de euros para iniciar la integración de los procesos productivos que hasta ahora han externalizado, creando 50 nuevos empleos. “Queremos seguir creciendo y expandir nuestro negocio hacia la fabricación de componentes. De hecho, ya hemos comenzado a hacerlo”.