UN PATO REVOLTOSO

No hay en estos instantes

en todo el firmamento

otra palabra que «gracias»,

¡gracias, gracias!!;

resuena regocijante y festiva

en los ecos de esta noche con luz

y en las abiertas profundidades del día.

 

¡Gracias, gracias, gracias, gracias!

¡Gracias por la Victoria de la sanación!

 

Sí, gracias infinitas,

Padre de los pobres,

porque todos lo somos

ante la inmensa riqueza

de la Trinidad, San José y la Santísima Madre.

 

Sí, el corazón está de fiesta,

se viste de gala y estalla en júbilo universal,

la alegría se palpa,

la música destila inquebrantable

la fragancia de las flores,

brincan a la par el lobo con el cordero.

 

¡Alabanzas e himnos que salmodiar

en honor del Altísimo,

tres veces Santo,

sublime y trascendente!

 

Crepita el fuego de amor en la luminaria

de la fresca y renovada existencia

en mitad de los trinos y gorjeos

que llenan el orbe,

hasta se escuchan vencedores y triunfantes,

juguetones y risueños,

como una de las mayores ironías de la vida,

los cantarines y emocionantes «cuac, cuac»

de aquel pato revoltoso,

parece que me grita en las entrañas:

mi niño y sus ojitos

no cesan, una a una, de ganar sus batallas.

 

HORTENSIA

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